De la cura para el empacho, hasta la limpia y el temazcal, la medicina tradicional mexicana se mantiene como una actividad que preserva los conocimientos ancestrales y la riqueza cultural de las comunidades indígenas.
Porque si se trata de eliminar “malas vibras”, “mal de ojo”, infecciones, dolor o cualquier tipo de enfermedad, aparecen las manteadas (masaje con rebozo), infusiones (consumo de tés o baños), y la terapia del Tlahtoli (que en náhuatl significa escuchar), entre otras posibilidades con raíces prehispánicas.
A decir de los médicos tradicionales, al menos 90 por ciento de los mexicanos emplean remedios a base de plantas como alternativa de curación, y se acude a la medicina tradicional como complemento de la medicina alópata.
El ser humano es energía, positiva y negativa, y “la curación está en la voluntad”, dice Julia Fuentes Aranda, de la Casa Medicina de Santa Cruz Atoyac, quien practica la medicina tradicional mexicana desde hace más de 10 años, una herencia que viene de su abuela y su madre.
Para Fuentes Aranda, el objetivo es brindar este tipo de alternativas que procuran el equilibrio físico mental y espiritual. “La salud y la enfermedad nacen del mismo cuerpo de cada persona, y por eso nosotros mismos podemos provocar la salud plena e integral”, aseguró.
En una charla sobre las raíces y servicios que se ofrecen en estos centros, compartió que, desde la cosmovisión de los abuelos, los elementos del universo son también los del cuerpo humano: agua, tierra (piel y hueso), fuego (sangre) y viento (llanto).
En la Casa Medicina de Santa Cruz Atoyac, se utilizan los mismos elementos para “mover energías” y ofrecer tratamientos para dolores musculares, nervios, malestares estomacales o padecimientos de circulación y presión sanguínea. Incluso habilitaron las instalaciones para dar servicios de temazcal.
En la capital del país se promueve el uso y estudio de la medicina tradicional como una forma de preservar los conocimientos ancestrales. Como un derecho, se plasmó en la legislación capitalina practicar y fomentar la medicina tradicional, tanto en pueblos y barrios originarios, como en comunidades indígenas, además de conservar las plantas medicinales y reconocer la labor de las curanderas.
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