Béla Tarr, referente del cine de autor y una de las miradas más radicales del séptimo arte, dejó un legado que marcó la historia del cine contemporáneo.
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El 2026 se llevó a la primera figura importante de la cultura popular: el cineasta Béla Tarr, quien ayer a los 70 años dejó este mundo para volver así inmortal su nombre en la historia del séptimo arte.

Con apenas once películas en más de cuatro décadas de carrera, Tarr aportó al mundo uno de los cines de autor más radicales en donde dejó ver varias de las heridas culturales latentes de su entorno.

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Sátántangó de 1994 es posiblemente su filme más popular, rodado a partir de la novela del Premio Nobel de Literatura más reciente y también húngaro László Krasznahorkai. En ella narra a través de siete horas y en blanco y negro, una historia de la caída del comunismo en Europa del Este, a manera de metáfora donde una familia abandona una granja. Y como solo dos genios de la creatividad podían hacerlo, el inicio de la relación resultó complicada, pues en el pasado se dio a conocer que a finales de los 80, el cineasta se aproximó al escritor con la propuesta de llevar la historia al cine, a lo que este le contestó que no y le cerró la puerta de su casa sin intenciones de reanudar la conversación.

Ante esto, el cineasta con convicción rodeó el lugar y a través de una ventana que golpeó con los nudillos, le dijo a Krasznahorkai “ve mis películas y entenderás por qué quiero adaptar tu literatura”.

De ahí surgió La condena de 1988 y la ya mencionada Sátántangó. Posteriormente en el 2000 llegó Las armonías de Werckmeister, otro filme basado en la escritura de su compatriota, esta vez de la novela La melancolía de la resistencia.

Aunque su cine fue altamente aclamado, Tarr nunca perdió el piso y solía mostrarse no tan cómodo ante los halagos constantes. "Solamente soy un ser humano", dijo a la prensa en 2023, luego de recibir el Premio Honorífico del Presidente y el Comité de la Academia de Cine Europeo.

Béla Tarr, referente del cine de autor y una de las miradas más radicales del séptimo arte, dejó un legado que marcó la historia del cine contemporáneo.
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En Cataluña, España, un año después habló de la forma en la que se percibía y de donde provenía su cine: "No soy un cineasta político, solo tengo sensibilidad social y me duele mucho cuando veo la dignidad de alguien pisoteada por unos tipos sucios que le roban las vidas y el futuro a la gente. Algunas veces reacciono. Algunas veces no lo veo necesario, pienso que no es mi papel".

El penúltimo trabajo de Tarr llegó en 2011 bajo el título El Caballo de Turín y dirigido en colaboración con la también húngara Ágnes Hranitzky, con lo que recibieron el Gran Premio del Jurado en el Festival de Berlín.

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La cinta está inspirada en una vivencia de Friedrich Nietzsche, que al salir de su habitación en Turín, vio a un hombre golpear con violencia a su caballo que se rehusaba a moverse y con una alegoría de este pasaje inicia el filme; más tarde Tarr contó que lo que se ve en pantalla es más bien una yegua que él mismo compró en una subasta de animales y que de no haberlo hecho, la habrían sacrificadó, pero su destino continuó en el cine y más tarde en una pradera en donde vive.

La muerte del director se debió una enfermedad no revelada y dada a conocer por el realizador Bence Fliegauf a una agencia de noticias, en nombre de la familia del artista.

¡Dato interesante!

Béla Tarr se desempeño como director de la Academia de Cine de Sarajevo por cuatro años y en 2013 colaboró para dar vida al aclamado doctorado The Film Factory.

Reportero de la sección Vida+ en el diario 24 HORAS. Enfocado en temas de cultura y entretenimiento, pero con intereses relacionados principalmente a la literatura, la música y el cine.