México busca incrementar el número de lectores, pero invierte poco en la infraestructura. Pareciera que la idea es que cada quien tome un libro y se enamore de inmediato.
Los espacios para fomentar la lectura, como las bibliotecas, no siempre tienen condiciones elementales para funcionar. Casi el 10 por ciento de las bibliotecas en México están cerradas por distintos motivos y casi siempre es la falta de recursos.
Eso lo sabe bien Clavio Batay, un activista que intenta convencer de leer a través de casi cualquier medio que no sea un libro.
Junto con un equipo pequeño concentra sus esfuerzos en “Se asoman”, una asociación civil que impulsa proyectos de fomento a la lectura y también busca financiamiento para mejorar las bibliotecas en México.
Clavio asegura que promover la lectura a través de los libros es tratar de convencer a los convencidos. Así que inició hace algunos años un proyecto para invitar a leer a través de murales y dibujos. “Una buena parte de las personas, ve los libros como un castigo, como algo lejano y aburrido”, me contó en una entrevista telefónica.
Sin embargo, notó que a través de materiales audiovisuales que cuentan una historia que vive en los libros ayuda a que las personas tengan otro acercamiento. Esa iniciativa fue teniendo éxito y llegó una segunda etapa donde invitaban a acudir a las bibliotecas para encontrar variedades de libros y posibilidades.
En ese ejercicio descubrió otro problema. Cuando las personas están convencidas de leer, uno de los lugares donde lo intentan son estos espacios, pero tenemos un país donde hay muchas bibliotecas (el recuento oficial dice que hay 7 mil 476) pero no todas tienen bibliotecarios que puedan atenderlas, algunas no tienen libros e incluso algunas ni siquiera tienen baño.
La infraestructura de estos recintos ha sufrido por varios años el impacto de los recortes presupuestales y si bien no todas están cerradas, definitivamente no todas tienen buenas condiciones.
Cuando decidí escribir esta historia pensé que era una de triunfo que empezaba con un fracaso. Conocí a Clavio Batay a través de un video de redes sociales donde admitía que su estrategia había fallado estrepitosamente. Él refería en ese video que regresaba de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara con una cajuela completamente llena de ejemplares. No vendió un solo libro.
Días después avisó que a través de redes sociales lograron la meta y vendieron toda la edición. Cuando hablé con él, me dijo que habían llegado a la conclusión de que la venta dejó pocas ganancias, así que seguirán buscando la forma de hacerse de recursos para ayudar a la recuperación de las bibliotecas. La fundación sigue haciendo murales y contando cuentos en voz alta. Su historia no es de triunfo, sino de persistencia.
Y aquí mi duda genuina: ¿dónde está ese mismo volumen de esfuerzo de parte de las autoridades? ¿Cuándo veremos todos esos intentos de mejorar las condiciones de lectura en los municipios?
@Micmoya
