Observar mi propia sombra y capturarla se convirtió en un ritual con registro en el año 2020, en un momento histórico marcado por la pandemia, en el cual la distancia con los nuestros hizo que me acercara más a mí.

En un momento de absoluta soledad resguardada con mis hijas, mi inquietud se reflejaba en mis largas caminatas observando una ciudad parcialmente vacía.

Y entonces surgieron las preguntas: ¿por qué la sombra no se parece a quien la proyecta? Cuando una figura humana se proyecta bajo el sol, la sombra raramente reproduce la forma real del cuerpo, ya que se alarga, se fragmenta, pierde rasgos.

Mi colección muestra más de 600 fotografías que guardo en mi carrete de Instagram, como si fuera un diario que visualmente cuenta mi vida, mis refugios, mis alegrías, mis viajes y mis momentos de introspección

La sombra aparece proyectada por el sol, pero también por la luz artificial de un farol nocturno, en distintos territorios, paisajes y momentos, cada imagen es resultado de un encuentro entre luz, cuerpo y espacio.

Las sombras se convierten en testigo del desplazamiento, marca el paso del tiempo, el tránsito por los lugares visitados y, sobre todo, el paso interior.

No es un autorretrato convencional, es la evidencia de una presencia que estuvo ahí, aunque nunca se muestre de manera literal.  Al observar, día tras día, la sombra se transforma en un recordatorio que me muestra la luz que soy capaz de proyectar, pero también aquello que debo enfrentar y transformar en mi desarrollo personal.

Fotografiarla es un ejercicio de conciencia, reconocer que no hay luz sin sombra, ni crecimiento sin confrontación.

La sombra nunca es estable, a veces aparece amorfa, otras estilizada, en ocasiones el cuerpo se fragmenta, piernas cortas, cabezas desproporcionadas, torsos desmedidos, hay sombras nítidas y otras completamente difusas. Estas variaciones no responden solo a la posición de la luz y la hora del día, sino al estado interior desde el cual la imagen es tomada.

Habla de un momento emocional, mental o espiritual distinto. En algunas imágenes las sombras se multiplican con otras personas que invito para el encuadre ideal, y recordar que todos somos uno, caminamos juntos, nos tomamos de las manos, a veces saltamos... entonces se vuelve celebración, vínculo, alegría compartida y un gran recuerdo.

Pero muchas otras, se postra junto a mi y me acompaña a largas caminatas silenciosas, pensamientos que reconstruyen procesos internos que no necesitan palabras, solo compañía.

Este archivo visual busca reconocerla como parte del trayecto que la vida me tenga destinado. Mirarla todos los días es un acto de responsabilidad conmigo misma, es entender que cada sombra proyectada es prueba de haber estado viva, y presente en movimiento.

Cada imagen es una afirmación de un momento único, sencillo y profundo: Estuve aquí mi sombra lo confirma.

Y en ese reconocimiento cotidiano se inscribe el deseo de ser mejor, de caminar con mayor conciencia, de dejar una huella o un recuerdo, por lo menos para mi núcleo familiar y para los que me consideren parte de su lectura.

Mi sombra no es identidad, pero me ubica en el momento presente, no es la verdad absoluta, pero apunta hacia la búsqueda de mi sensatez

En su deformación se revela la distancia entre lo que somos y lo que habitamos.

Cuando es mirada sin juicio, pierde su carácter monstruoso y recupera forma, se vuelve aliada, no enemiga. Esta colección te invita a detenerte en ese instante preciso, cuando la luz toca la materia y el ser se revela incompleto, humano, en proceso, allí, en la silueta imperfecta, comienza la verdadera conciencia.

Carl Jung subrayó que no hay verdadera ética sin confrontación con la sombra. La idea de pureza absoluta le parecía psicológicamente peligrosa.

Escribió en esencia que: Quien se cree completamente bueno está poseído por su sombra porque simplemente no la reconoce, una persona fragmentada vive fragmentando su realidad.

Integrar la sombra a mi vida, no trata de recuperar las partes negadas, sino para ser entera con sus correspondientes formas, día con día.

Con cariño: Marcela.

 

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