Valiente
Estamos acostumbrados a mirar la vulnerabilidad como si fuera sinónimo de debilidad.
Me acabo de dar cuenta que me presenté ante las personas como alguien que podía con todo, que resolvía, que sostenía. No porque no sintiera, sino porque no sabía —o no me permitía— mostrar lo que dolía. La vulnerabilidad no formaba parte de mi manera de ser frente a otros.
La vida, sin embargo, tiene formas muy precisas de quitar el velo de los ojos.
En octubre del año pasado la vida me dio una gran lección. Una de esas que no llegan con suavidad, pero que obligan a detenerse y a recapitular.
A partir de ese momento muchas cosas cambiaron en mí, comencé a habitarme distinto.
Hoy me presento ante las personas tal como soy y genuinamente siento que ya no proyecto a esa mujer fuerte, ante todo. Y ese cambio no solo ha sido interno: también ha sido un proceso para quienes me rodean. Las personas que siempre me creyeron fuerte están empezando a conocer una parte nueva de mí. La que pide ayuda, la que puede decir “esto me rebasa”.
Hoy entiendo que aceptar ayuda no me hace más débil; me hace más humana y paradójicamente, más fuerte.
En esta estación frágil de mi vida, mientras atravesaba silencios y cuidados familiares, comprendí algo profundo: El trayecto cambia cuando alguien camina contigo desde el corazón.
La fórmula siempre estuvo frente a mí. He acompañado a muchos en sus momentos difíciles, y no sabía cómo hacerle para recibir ese mismo amor.
Hoy sé que la tristeza pesa menos cuando se comparte, que la pena se vuelve más ligera cuando alguien te ayuda a cargarla, y que permitirnos ser acompañados también es una forma de valentía.
Por eso esta columna está dirigida a mi terapeuta, Victoria Boy, que ha sabido sostener el espacio, con una empatía tan sutil que cuando me doy cuenta... lo que me inquietaba se diluye hasta convertirse en paz con el acompañamiento de sus palabras. Porque el acompañamiento que me brinda no es dar respuestas: es hacer las preguntas correctas y quedarse, incluso cuando pensaba que no saldría de alguna situación.
Lo que me ha enseñado Victoria en la terapia, me ha mostrado que lo que me conmueve del otro no es casual, que lo que me incomoda, lo que me toca, lo que me duele cuando escucho una historia ajena, habla también de mí. Y entonces la vulnerabilidad deja de ser individual y se vuelve relacional.
Las personas más fuertes son las que se atreven a ser vulnerables.
Al final, la pregunta no es únicamente qué te pasa a ti.
La pregunta —la que transforma— es: ¿qué me pasa a mí con lo que te pasa a ti?
Con cariño: Marcela.
Room: [email protected]
X: @DeLos53271
FB: Marcela de los Ríos
