-Continuación de columna anterior-
Cuando tenía 15 años, no sabía que estaba entretejiendo lo que hoy me sostiene.
Creía que solo estaba viviendo, riendo, compartiendo momentos simples. No tenía idea de que cada conversación, cada vínculo, cada persona que se iba sumando estaba sembrando una red invisible que algún día sería refugio. Y lo más hermoso es que ellas... mis amigas de esa época, seguimos compartiendo momentos con nuestros hijos que comienzan a casarse, ¡que belleza! tener la oportunidad de seguir juntas.
Hoy entiendo que no era casualidad. En la vida conocemos a muchas personas, y coincidimos con cientos.
Compartimos etapas, proyectos, risas, lágrimas, pero solo algunas permanecen, solo algunas logran coincidir con nuestra frecuencia cuando la vida sube… y cuando la vida baja.
Porque sostener no es fácil.
Hay momentos en los que vibramos alto, llenos de claridad y expansión. Y hay momentos bajos, donde todo se mueve y la vida nos confronta. En esa coladera inevitable que es el tiempo, algunas personas se quedan… y otras no. Y, está bien, es parte de la vida sentir ese dolor y esa pérdida.
Porque, así como algunos no resistieron nuestros inviernos, también nosotros hemos sido filtrados en la historia de alguien más.
También nosotros... quizá sin intención, no supimos sostener ciertos procesos ajenos. La vida es dinámica, las frecuencias cambian, los caminos se ajustan.
Pero las almas que evolucionan en sintonía… esas permanecen.
En la física cuántica se habla de posibilidades que existen hasta que algo las activa. Yo creo que las relaciones también son así: son posibilidades que se fortalecen cuando ambas partes deciden vibrar con conciencia.
No es magia, es trabajo emocional, es humildad, es perdón y lealtad madura.
Hoy cuento con una red de personas que caminan conmigo desde distintos momentos de mi historia. Personas que han decidido quedarse, personas que han evolucionado conmigo y nos hemos visto crecer, personas que han entendido que crecer no significa separarse, sino ajustarse.
Pero también he aprendido algo esencial: la vida no solo se trata de conservar, sino de expandir.
Si no seguimos caminando, conociendo nuevas almas, permitiendo que nuevas energías se sumen a nuestro entramado emocional, familiar y de amistad, la vida perdería esa sazón tan espectacular que la hace vibrante y que tanto disfruto.
¿Te has preguntado cuales son las personas que siguen en tu entramado de vida? Hacernos esa pregunta es increíble porque caes en cuenta que estamos los que evolucionamos juntos pese a las altas y bajas. Por lo tanto, pertenecemos al entramado de quienes nos necesitan para sazonar su vida y están los que sazonan la nuestra.
Esa sazón que trae ideas frescas, miradas distintas, aprendizaje y apoyo inesperado.
A quienes se integran con naturalidad al tejido que ya existe y lo enriquecen invitándonos a conocer la evolución de otra generación en sus vidas.
No es casualidad que ciertas energías sigan encontrándose a lo largo del tiempo, no es casualidad cuando los valores coinciden, cuando una amistad madura y se transforma sin romperse.
Mientras sigamos creciendo, ajustándonos, evolucionando… seguiremos encontrándonos, porque cuando las almas evolucionan en la misma frecuencia, el tiempo no las separa… las confirma.
Con cariño: Marcela.
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