A unos metros del Mercado de Chuburná de Hidalgo, entre el tránsito constante de
camiones de carga y el movimiento de estibadores, Zulma Rodríguez coordina la llegada de las frutas y verduras que abastecen a sus clientes.
En un sector tradicionalmente dominado por hombres, su presencia al frente de su propio
negocio refleja un proceso de cambio en las dinámicas comerciales locales.
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Zulma inició en este entorno a los 15 años; como muchas historias en el comercio popular,
la suya comenzó por necesidad. Durante más de una década trabajó como empleada,
periodo en el que aprendió sobre selección de proveedores, negociación de precios y
manejo de inventarios.
“Fueron años de observar y entender cómo se mueve la mercancía, qué productos conviene traer según la temporada y cómo cerrar buenos tratos”, explicó.
El comercio mayorista de frutas y verduras exige jornadas extensas, coordinación logística y capacidad de negociación, aunque la carga física sigue siendo parte de la dinámica diaria, Zulma apostó por especializarse en la administración del negocio.
Hace algunos años decidió independizarse y establecer su propio esquema de trabajo.
Actualmente se encarga de seleccionar proveedores, muchos de ellos de la Central de
Abastos, acordar precios y coordinar la distribución.
Para las labores de carga y descarga contrata personal masculino, como ocurre en la
mayoría de los establecimientos del giro.
“Al principio algunos dudaban de que yo pudiera manejar el negocio”, comenta, “pero con el tiempo se dieron cuenta de que sé trabajar y cumplir”.
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Su estrategia ha sido fortalecer relaciones comerciales estables y mantener una
planificación constante de compras y ventas. En mercados donde la variación de precios
puede ser diaria y la mercancía perecedera no admite errores, la organización resulta
determinante.
Zulma afirma que el respeto se gana con puntualidad en los pagos, calidad en el producto y cumplimiento en los acuerdos.
