Mientras hacen fila, algunas turistas se retocan el maquillaje para desfilar en la azotea de una casita en la Favela Rocinha, posando para un dron que se aleja y muestra la vista aérea de la comunidad en la ladera.
Con una base musical pegadiza, el video de esta localidad se ha viralizado en las redes sociales justo cuando Rio registra cifras récord de turistas.
El éxito de la atracción es tal que algunos visitantes esperan hasta dos horas para grabarse, por un precio de al menos 30 dólares.
Recientemente, hasta hubo un pedido de matrimonio.
Pero también ha generado cierta incomodidad, con decenas de comentarios que acusan a los visitantes de romantizar la pobreza y el crimen en una comunidad de bajos ingresos donde operan narcotraficantes.
"No estamos romantizando la pobreza. Queremos cambiar el prejuicio que existe en la mente de la gente", niega a la AFP Renan Monteiro, fundador de la empresa Na Favela Turismo.
El video es fruto de los esfuerzos por mostrar a los turistas "el lado positivo de la favela", sostiene.
Monteiro explica que estos solo pueden llegar a la azotea para filmarse a través de un tour, en el que recorren un laberinto de callejones, visitan a artistas locales o asisten a un espectáculo de capoeira, mientras los vecinos siguen con su vida diaria.
Rocinha "tiene esta imagen de que es algo malo, peligroso... A mí me pareció realmente encantador ver el ambiente", dice Gabriel Pai, un costarricense de 38 años, tras posar para su toma con dron.
Ingrid Ohara, una influencer brasileña con 12 millones de seguidores en Instagram y 20 millones en TikTok, tampoco quiso perderse la oportunidad.
Cruza la azotea con gorro de baño y bata antes de quitársela para revelar un vestido diminuto, girando mientras el dron se aleja.
"Estos videos que hago tienen muchas visualizaciones, y por eso quería hacer uno en Rocinha, porque se está volviendo viral en todo el mundo", dice a la AFP.
Las imágenes "muestran nuestro país, nuestro Rio de Janeiro, esto forma parte de nuestra cultura", agrega.
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Turismo en Rocinha
Monteiro, que creció en Rocinha, recuerda los primeros tiempos del turismo en la favela, cuando los extranjeros aparecían en jeeps descubiertos.
Junto a líderes comunitarios, trazó rutas turísticas y creó una aplicación para seguir la ubicación de los guías.
Si hay una operación policial contra narcotraficantes, los guías se comunican para cancelar las visitas en curso.
Su empresa ha formado a 300 guías locales y a diez pilotos de dron.
El piloto Pedro Lucas, de 19 años, dijo que tenía pocas perspectivas antes de que este trabajo "cambiara" su vida.
"Gano una buena cantidad de dinero y sería bueno que más gente de la favela tuviera la misma oportunidad".
Los propietarios de 26 azoteas y terrazas de Rocinha y la vecina Vidigal también cobran para permitir las visitas turísticas.
