Una enfermedad terminal puede provocar muchas cosas antes de la muerte. Dolores crónicos, deterioro de las facultades mentales, desgaste físico y económico… la lista puede ser tan larga como prolongado llega a ser el proceso.
El panorama crítico no es sólo para las personas que padecen la enfermedad, lo es también para quienes ejercen labores de cuidado, para la familia, e incluso en cierto punto significan también una presión específica a un sistema de salud saturado y con deficiencias acumuladas.
Por eso decidir sobre los cuidados y la forma de morir, puede aliviar no solo a quien padece una enfermedad crónica o incurable, sino a un entorno mucho más amplio.
Tenemos que afrontar que la falta de regulación no evita que se lleven a cabo prácticas para que los pacientes mueran, sino que solo las empujan a un entorno de irregularidad, donde hay un espacio para fraudes, engaños y estigmas sociales que no ayudan a nadie.
En México y en otros países, la discusión sobre la capacidad de decidir de los enfermos terminales es un tema polémico. Hay puntos de vista encontrados, pero al mismo tiempo se ha ido abriendo un camino para plantear una serie de argumentos a favor de una legislación que ayude a iluminar un camino que de otro modo será obscuro.
“Decidir me da paz y libertad”, explicó Samara Martínez, una de las activistas más visibles que impulsa la ley trasciende que propone la despenalización de la eutanasia en México.
Para ella, incluso si no llegara a ejercer ese derecho, su existencia podría dar certeza a ella y su familia cuando el final de la enfermedad la coloque en una situación médica crítica.
“Nadie está pidiendo morir con esta ley. Lo que queremos es que cuando llegue el momento, tengamos un camino para que el proceso sea digno, humano”, aseguró en entrevista.Algo que debemos entender es que el planteamiento de la ley trasciende no es convencer a nadie de practicar o ejercer la eutanasia. Es simplemente plantear una posibilidad de proveer dignidad en un proceso de enfermedad.
Sin embargo, también la lucha es una carrera urgente. Los enfermos terminales requieren un contexto legal que permita que ellos y sus familiares deban tomar decisiones dolorosas con un acompañamiento médico digno y un proceso social sin estigmas.
“La realidad es que es complejo tener que esperar los tiempos políticos. Sabemos que los debates no son sencillos, que todo toma tiempo. Pero es difícil pedir paciencia y al mismo tiempo tener mensajes casi todos los días en los que las personas me cuentan que no pudieron esperar más. Porque la enfermedad avanza”, explicó Samara en una entrevista.
En el Senado de la República hoy se llevarán a cabo algunas pláticas donde un lado y otro expondrán sus argumentos. Ojalá exista una disposición genuina a escuchar todos los puntos de vista y podamos garantizar a todos el ejercicio completo de los derechos.
@Micmoya
