Miriam Castillo

En los últimos días, el Gobierno federal ha hecho diversas detenciones de presidentes y expresidentes municipales que presuntamente están vinculados con la delincuencia organizada.

En el caso de Morelos, por ejemplo, un buen número de funcionarios ha sido detenido por delincuencia organizada. La gama de afiliaciones políticas es diversa porque va desde el PAN, por partidos locales, pasando por Movimiento Ciudadano y Morena.

El saldo general es de 20 presidencias municipales (lo mismo funcionarios en activo que exfuncionarios) que han sido detenidos, pero la pregunta aquí es si algo ha cambiado con la detención de quienes ejercen un cargo público.

¿Realmente atendemos el problema de fondo si hay detenciones masivas de quienes se hacen cargo del gobierno municipal?

No estoy planteando que no se persigan delitos ni que se castigue a los funcionarios corruptos que contribuyen al deterioro de las instituciones. La pregunta más bien es si esa sola acción va a solucionar el problema de fondo.

Si bien el número de delitos que se comenten en el país ha ido modificándose a la baja, parece que las causas centrales del problema de la delincuencia organizada siguen sin erradicarse de raíz.

La detención de funcionarios públicos evidentemente ayuda a evitar una idea y una sensación de impunidad. En este mismo espacio hemos cuestionado la poca gestión que hay del castigo a los delitos.

Sin embargo, me queda pensar ¿qué viene después? ¿Cómo hacemos para prevenir que esos funcionarios lleguen a los cargos públicos?, ¿qué hemos cambiado realmente en las leyes y en la práctica política para la elección que viene}

Tendríamos que hacer que ganar con el apoyo de factores externos fuera caro, prácticamente inviable. Sin embargo, no me queda claro si hay una capacidad y una intención profunda de los partidos de evitar el financiamiento ilegal.

Pareciera que una vez que estamos en el proceso electoral, el origen de los recursos no necesariamente importa.

Otra de las preguntas que tenemos que hacernos creo que es: ¿qué hemos dado a las presidencias municipales para protegerse de la presión del crimen organizado?

No quiero pecar de ingenua. Sé bien que muchas veces los vínculos con los grupos del crimen vienen desde las campañas. Pero también me parece que muchas veces, una vez en el poder vienen las amenazas. Y un funcionario con una policía raquítica y un erario más bien flaco no ayuda a poder hacer frente a grupos cada vez más sólidos y violentos.

En las presidencias municipales inicia una cadena de eslabones que, como hemos visto, puede llegar a hacer un ecosistema casi perfecto para que los grupos de la delincuencia se alimenten y se fortalezcan.

La contaminación del sistema político con el crimen organizado no empezó ayer, ni siquiera hace meses. Es una dinámica que se ha ido alimentando a lo largo de los años y debemos tener claro dónde inicia para que sea en ese sitio donde comencemos a erradicarla.

 

      @Micmoya