Miriam Castillo

Estamos por terminar el mundial y si la promesa se cumple, después de eso viene una discusión importante en México que nada tiene que ver con el futbol. O quizá sí.

En México viene, según dijo la presidenta de la República Claudia Sheinbaum, un debate, esperemos largo y profundo, sobre la regulación de la Inteligencia Artificial.

Y vine con el tema del futbol porque al principio pareciera que nada tiene que ver con lo que ahora se produce con la Inteligencia Artificial. Es un juego, y es un juego de garra, de pasión y de pura potencia física.

Salvo que no. Que ahora cada vez hay más números, estadísticas, rendimientos en la cancha, los jugadores tienen un dispositivo que los mide, que les da números. Los entrenadores ya no estiman si un jugador recorrió la cancha completa, si su trayectoria la hicieron como se dijo en el entrenamiento.

A partir de eso, se pueden hacer ajustes, la máquina hace cálculos, encuentra patrones y propone cómo modificarlos, mejorarlos.

Hace poco, Javier Aguirre, el director técnico de la selección mexicana dijo en una entrevista con Denise Maerker que ahora tienen muchos números a la mano, los jugadores tienen un dispositivo que los mide y los compara.

Aguirre dijo que buena parte de los números determinan el juego, pero quizá nos estamos olvidando que no todo son números, hay mucho de “humano y pasión” en la cancha.

Y eso suena a un beneficio y puede que lo sea cuando se hace a propósito. Cuando hay una intención específica pero, ¿qué pasa cuando la Inteligencia Artificial toma todos esos datos sin permiso?

¿Qué vamos a dejar que escuche? ¿Hasta dónde queremos que determine? Porque algo que pasa es que la IA nos clasifica, nos separa, nos pone en sitios donde sí se puede cobrar más caro, lo hará, donde refuerza sesgos de raza y religión que tendremos que analizar.

Eso, creo, es donde la regulación estatal tendría que ahondar, porque ahora que vivimos con el tema de la intervención extranjera tendríamos que pararnos a pensar si ésta no termina siendo una versión de eso. Una más dura por lo sutil.

Y creo que ahí está nuestro problema. Hasta ahora no tenemos claro qué es lo que queremos que el gobierno regule.

Finalmente, este mismo debate, con sus diferencias, vino con la llegada del Internet y pusimos sobre la mesa las preguntas hasta donde queríamos regulaciones. ¿Hasta dónde buscábamos la regulación del Estado?

Creo que esta vez lo importante es que se fijen las líneas más importantes en este debate: ¿Queremos una protección para las infancias? ¿Queremos una regulación de mercado? ¿De los datos biométricos?

Creo que la inteligencia artificial cada vez toma más espacios operativos y es urgente que nos sentemos a pensar a cambio de qué le está regalando datos.

Quizá en una buena medida pueda terminar siendo útil, estoy en contra de tenerle miedo, pero ya tiene años entre nosotros y vamos tarde para regularla. A menos que nos tomemos en serio este debate que viene, tan en serio como si fuera uno de tantos partidos que se jugaron en esta temporada que termina.

 

    @Micmoya