De un tiempo para acá el asunto de los cuidados y la carga de estos es un tema del que se habla. No estoy segura de saber si se resuelve, pero al menos se le menciona cada vez con más frecuencia.
Quisiera decir que el debate ayuda, que avanzar en las discusiones ya es una ganancia, pero creo que hacerlo calma la conciencia de quienes no quieren tocar el tema de fondo y deja de lado el verdadero fondo del problema.
En general, el debate y las leyes que recién se han aprobado buscan hacer que la carga no sea tan onerosa y específica sobre las mujeres. Hay mecanismos que buscan devolver espacios para el cuidado de las infancias, que buscan espacios de día para las personas adultas mayores.
La idea no es mala de fondo, pero parece que el objetivo aquí es que las cuidadoras también puedan cumplir con un rol de proveedoras, más que repartir las responsabilidades y aligerar la carga, más bien parece una forma de hacer que puedan abarcar más.
Creo que en paralelo a la creación de infraestructura de los cuidados, también debemos estar discutiendo las razones por las que en automático es más sencillo que la tarea recaiga en las mujeres.
No hay un instinto, es mentira que lo tengamos dentro sin demasiada reflexión de por medio. Lo que pasa es que el sistema no nos permite hacer otra cosa. Los permisos laborales, las licencias de maternidad, están hechas para que las mujeres las aborden.
Y no estoy diciendo con eso que está bien que asumamos el papel, sino que tenemos que debatir seriamente porque las licencias de paternidad en México son casi igual a nada.
Los hombres no se involucran desde el inicio y después parece que cualquier otro aporte es una graciosa concesión.
Necesitamos un vínculo y un desarrollo de responsabilidades desde el inicio de la crianza, porque debe ser una tarea compartida a partes iguales y no hecha de pedazos de concesiones.
En el cuidado de las personas mayores la lógica es muy similar. Las mujeres terminan con esa carga porque de inicio en muchas ocasiones parece lo más natural. Quien lleva el peso de la casa lleva el peso de los cuidados, pero esta situación hace que las oportunidades de saque para las mujeres siempre sean menos.
No solo lo digo yo, según las cifras del Gobierno federal reflejan que las mujeres dedican al menos 39.7 horas semanales a las labores de cuidado, frente a los hombres que solo dedican la mitad. Aun cuando las mujeres dedican casi el mismo número de horas a trabajar.
Es por eso que creo que el debate y el cumplir con la tarea no sólo es brindar infraestructura para proveer los cuidados que ya se necesitan, sino garantizar que las mujeres que vienen no queden condenadas a ser las cuidadoras por default.
El género no debería ser un determinante para saber si las labores de cuidado llegarán a ti, debería ser una acción decidida y debatida, no algo que se obtiene sólo porque eso sucede.
Ahí es donde nosotros deberíamos tener el debate, donde creo que debemos llevar la conversación para efectivamente cambiar algo de fondo.
Con la ley tuvimos algunas ganancias, pero necesitamos modificar las condiciones.
@Micmoya
