“Sí señor, pero usted ya va de salida. Hay que cuidar a los jóvenes”. La línea la dice la presidenta municipal de Huimanguillo en Tabasco, Mariluz Velázquez Jiménez, a un hombre con canas que le reclama algunas obras en su comunidad.
Más allá de remarcar que últimamente la respuesta de los gobernantes a la crítica es bastante mala (como si reclamar un buen desempeño de funcionarios electos no fuera un derecho de la ciudadanía) me gustaría retomar la declaración porque creo que refleja de una manera grosera, pero evidente e ilustrativa, un sentimiento en contra de la vejez, de envejecer y de la población adulta mayor que hay en muchos niveles.
En México, la población de la tercera edad es de 17.1 millones de personas, es decir, 12.8 por ciento del total.
Se prevé que para el 2030 el número de personas mayores supere la población joven de 0 a 14 años y que para 2070 el porcentaje de personas adultas mayores sea de 34.2 por ciento.
Sin embargo, pese a esos números, más allá de la pensión para este grupo de edad, hay pocas políticas específicamente enfocadas a cuidar y proporcionar oportunidades de trabajo, atención en la salud o un retiro digno para estas personas.
La frase de la presidenta municipal resume en pocas palabras lo que en general la política de un país hasta ahora ejecuta: “hay que cuidar a los jóvenes”, en particular a quienes están en una edad productiva.
No creo que esté mal tener políticas enfocadas a atender a los jóvenes. Nadie considera una mala práctica ofrecer capacitaciones laborales para los jóvenes que egresan de la escuela o buscar financiamiento para que continúen sus estudios, pero ¿dónde encontramos una política que permita a las personas de la tercera edad tener actividades para evitar su deterioro físico? ¿O programas de capacitación tecnológica o un programa para resolver los temas técnicos que tienen las personas de la tercera edad en el sistema bancario?
El problema es que parece que, justamente, la idea de que las personas mayores ocupan un espacio o recursos que deberían ofrecerse a los jóvenes es lo que hace que perdamos de vista que son personas y que no deberíamos calcular nuestro valor por la posibilidad de ser productivos.
A pesar de que el gobierno también ha detectado un incremento en los comportamientos de abuso en contra de las personas mayores a partir de que estas cuentan con una pensión del gobierno, tampoco se ha hecho mucho por solucionar el tema.
El asunto de los cuidados es frecuente que lo abordemos aquí e igual tiene un sistema de carencias importantes para proporcionar una situación digna para quienes envejecen.
En general en nuestra cultura no está valorado envejecer. Basta ver la cantidad de recursos que se invierten en revertir los efectos de la edad, desde los visibles hasta los que van más adentro en el cuerpo.
Quizá este capítulo es un buen momento para parar y pensar qué es lo que realmente necesitamos modificar para dejar de insultar a quienes tienen más años que nosotros, porque nosotros cada día nos acercamos más a ellos.
@Micmoya
