Miriam Castillo

Para la mayoría de nosotros, lo que tiene que ver con el estado del tiempo nos da para una plática de elevador. “Qué calor. Hoy va a llover. Ya quiero que llegue la época de frío”, cosas por el estilo. 

Sin embargo, para un grupo cada vez más extenso de población, lo que tiene que ver con eso se ha vuelto cada vez más impredecible y en esa misma medida se torna en un factor de vida o muerte. 

De la cantidad de lluvia depende si una cosecha se logra o no. Si la inversión en el campo podrá recuperarse. Si la casa en el margen del río seguirá siendo segura. Las lluvias o la falta de estas, entre otros factores, es lo que determina la buena o mala vida de una comunidad por un tiempo. 

Para cuando escribo esto, los centros de monitoreo ambiental tienen alertas activas por tres fenómenos meteorológicos: la tormenta tropical Rachel, un huracán categoría 1 llamado Isaías y Simón, un ciclón tropical que modificó su trayectoria y de pasar de lado, entrará de lleno a territorio mexicano y según los últimos reportes del Servicio Meteorológico, traerá lluvias severas. 

Las cifras, el volumen de los vientos y otros números nos dicen poco a buena parte de la población lo que significará que lleguen todos estos sistemas de agua a territorio mexicano. 

A veces a fuerza de repeticiones nos acostumbramos a la tragedia y un huracán con cierta intensidad solo dura en nuestra atención lo que duran las lluvias. 

Después de las lluvias a veces solo quedan los damnificados, que se acumulan de una tragedia y después otra. 

Pero para quienes padecen los efectos año tras año (a veces mes tras mes) el cuidado de la zona, la inversión que haya marca una diferencia entre vivir o no. 

Hace poco, un grupo de mujeres que viven en comunidades rurales, indígenas y de las periferias fueron a la cámara de diputados a pedir una asignación de presupuesto suficiente para hacer frente al cambio climático. 

Ibet Azcona, autoridad comunitaria de San Pedro Comitancillo, y una de las mujeres que acudió a pedir presupuesto a la Cámara de Diputados, platica en entrevista que está preocupada por lo que viene. 

Este año hubo sequía y la cosecha no será suficiente ni siquiera para autoconsumo. La pregunta entre ella y su comunidad es: ¿a quién le pedimos ayuda? 

Las autoridades locales tienen pocos recursos y las federales tienen pocas soluciones. “Lo que necesitamos son soluciones a largo plazo, porque esto no va a pasar solo hoy. Sino que va a seguir por muchos años y no tenemos un plan”, explicó en entrevista. 

Ibet tiene claro que la modificación de todo el entorno es peligrosa y ya alcanzó su comunidad. “Pero no vamos a ser los únicos y no veo que haya un plan para evitar que esto sea una catástrofe”, dijo. 

Yo esta vez tengo la misma duda: ¿a quién deberíamos pedir ayuda? Todos parecen tener oídos sordos. 

@Micmoya