Miriam Castillo

Ayer, la plancha del Zócalo lució completamente llena para presenciar el mensaje de la Presidenta por el primer año de Gobierno. Por los colores que tenía cada una de las secciones —blancos en banderas de alcaldías, rojos, naranjas, guindas  y algunos bloques en verde— no habla necesariamente de asistencia espontánea.

En los acercamientos que había de los contingentes destacaban sobre todo las banderas del sindicato petrolero, del sindicato de electricistas, el de los maestros y de otras organizaciones que en sus orígenes y en sus slogans hablan de garantizar derechos para los trabajadores.

Sin embargo, la dinámica y las oportunidades laborales que promueven y procuran los sindicatos no están necesariamente alineadas con beneficios laborales.

Los sindicatos en México históricamente están muy cerca de las estructuras del poder. En la época priista, el sindicato de maestros formó parte de uno de los operativos electorales más grandes de los que se tiene registro.

La presencia de los docentes en todos los municipios del país, su figura de autoridad y la organización en sectores, junto con la lealtad al partido que gobernaba hacía una combinación poderosa que fue manejada durante muchos años, hasta la caída en desgracia de sus dirigentes.

Por ahora el sindicato de maestros tiene una presencia menos marcada en las mesas políticas, pero sigue siendo un factor de operación política por el volumen de agremiados que agrupa. Y se notó en la concentración.

El caso es parecido en el caso del sindicato de los petroleros y lo mismo ocurre con algunas banderas del SME, el sindicato de electricistas que aún resiste entre la liquidación de la empresa y la activación política.

El problema es que quienes no aparecieron representados en la plancha del zócalo son los trabajadores privados que cubren jornadas prolongadas. Los empleados de las plataformas de reparto, los trabajadores por honorarios que no tienen acceso a prestaciones de seguridad social y la lista podría seguir con las distintas modalidades de trabajadores sin derechos plenos.

La mayoría de los sindicatos más grandes, están íntimamente relacionados con la dinámica política y bastante más lejanos de la pelea y los avances de los derechos de los trabajadores. Y aquí la duda genuina, ¿cuándo fue la última vez que los sindicatos lograron una victoria para los trabajadores y lograron actualizar la lucha por los derechos laborales?

El problema no termina en las corporaciones más grandes, sino que la organización sindical impacta incluso en la conformación de estos grupos en las empresas privadas, lo que repercute en la posibilidad de que haya mecanismos para mejorar las condiciones de trabajo de quienes no están en el gobierno.

Según algunos estudios académicos, en México tenemos uno de los rezagos más grandes en cuanto a la organización de los sindicatos de empresas privadas. ¿Cómo haremos entonces para defender los derechos de los trabajadores? Es una pregunta que urge contestar.

 

     @Micmoya