Miriam Castillo

Ayer se celebró el Día de las Madres en México. Estos días siempre se suele hablar de las maravillas que significa. De lo mucho que les debemos. Eso está bien, pero me gustaría pensar que en estas fechas tenemos una finalidad más allá de lo cursi.

Me gustaría pensar que son fechas que usamos como pretexto para hacer un corte de caja y saber en qué situación estamos respecto de la crianza.

Hoy quiero hacerme una pregunta, ¿cuánto han tenido que pagar las mamás para serlo?, ¿qué han tenido que dejar de lado? Y ¿qué tanto de eso debería haberlo compensado un sistema si fuera equitativo?

Estoy hablando más allá de los costos evidentes. Tener hijos es caro. Sólo para empezar la montaña de pañales, biberones, ropa, leche en los primeros meses y ese solo es el arranque: escuelas, comida, juguetes y la cuenta puede llegar hasta donde ustedes estén dispuestos.
Pero no me refiero a eso. Me refiero a esa oferta laboral que tuvo que rechazarse porque no hay forma de empatar el tiempo que necesita en la oficina (o en donde se realice) con los horarios de escuela, actividades deportivas, con hacer la comida. O simplemente con estar presente.

Me refiero a esa diferencia salarial que se hace más profunda en una pareja una vez que está el factor de los hijos. Datos tanto del Inegi como del IMCO lo han remarcado a lo largo de varios estudios.
Las mujeres con hijos pueden ganar hasta 30 por ciento menos que las mujeres sin hijos. La brecha que hay en el caso de los hombres no es la misma ni crece en la misma proporción. Incluso en ocasiones, los hombres incrementan sus ingresos una vez que se convierten en papás.

Con el costo que tiene la maternidad (o la crianza) me refiero a la dependencia a veces que hay de una pareja para poder tener una estabilidad financiera porque no es posible criar y trabajar.
Me refiero a las renuncias que a veces se hacen de amistades porque hace falta tiempo. Me refiero a las mudanzas de países que se pusieron en pausa porque no necesariamente era la mejor idea para criar niños.
Me refiero también a ese proceso de saber si uno solo es la mamá de alguien más o sigue siendo la persona que era.
Y la duda genuina también es, ¿qué se hace desde el Estado para paliar estos costos?
Por lo que hemos visto hace poco, no mucho. México destina sólo 1.2 por ciento del PIB a los cuidados. Según las estimaciones de organizaciones como México ¿Cómo Vamos? el monto debería ser de al menos el doble para cubrir las necesidades.

Otro punto de referencia podemos verlo en la decisión de acortar el ciclo escolar, sin aviso previo y sin una red de cuidados.

Sin muchas alternativas ofrecidas por el Gobierno, es difícil suponer que la carga de cuidados caerá invariablemente en las madres de familia o al menos en las mujeres.
Ojalá que los días en los que las redes de los funcionarios públicos se llenan de mensajes de agradecimiento y motivación, también se llenen de propuestas para hacer que el costo de ser mamá no sea tan caro.

 

    @Micmoya