En las elecciones de Brasil de este fin de semana el movimiento de derecha encabezado por el hijo del expresidente Jair Bolsonaro, Flávio, obtuvo una mayoría sobre el actual presidente Luiz Inácio Lula Da Silva en la primera vuelta.
Aunque la diferencia fue de 2.1 puntos porcentuales y la segunda vuelta se disputará el 25 de octubre, importa por el impulso que ganó la derecha.
El avance de los extremos casi nunca es una buena noticia. Aunque también creo que es un buen punto de partida para analizar qué significa exactamente el que lleguen a los gobiernos.
¿Necesariamente es una mala noticia? Yo soy de la idea de que las políticas de la ultraderecha no son benéficas para la población en general y son perjudiciales para las minorías en particular.
Sin embargo, por otra parte creo que la alternancia tiene que ver con un síntoma de una democracia exitosa y lo que los gobiernos de izquierda tendrán que revisar es cuál es la parte de la gobernanza que dejó de encantar al electorado.
También creo que el triunfo de dichas ideologías podría hablar de un mecanismo sano y nos corresponde más bien una revisión particular de nuestros sistemas políticos.
Esther Solano, profesora de la Universidad Federal de Sao Paulo, Brasil, dijo hace poco en una ponencia en la UNAM que los grupos objetivo de la ultraderecha son sobretodo los sectores de los jóvenes y las mujeres.
Y quizá en algún momento debemos preguntarnos qué ideología en particular a estos grupos que pareciera serían los menos beneficiados con la llegada de estos programas de gobierno.
Son algunos de los grupos a los que más podría restringirles ciertos derechos ganados a pulso, sin embargo, los escándalos de corrupción, la inseguridad y la estrechez económica son algunos de los factores que parecen estar inclinando la balanza.
En resumen, quizá lo que debería preocuparnos, más que el avance de una ideología, es la pobre representación de las ideas de otra.
Es la poca capacidad que han tenido ciertos gobiernos de izquierda para ejercer un gobierno que convenza a sus electores de repetir la tendencia.
En ese sentido, quizá valdría la pena hacer una revisión de qué fue lo que la población demandó antes de votar por un proyecto que estuviera en el otro extremo del péndulo de las izquierdas.
No estoy diciendo que la extrema más radical sea mejor para gobernar. Pero sí creo que hasta ahora ha sido más efectiva para transmitir una posibilidad de cambio y soluciones en materia de seguridad y economía.
El riesgo de todas estas políticas es que también muchas anuncian la reducción de derechos. Y es así donde no deberíamos perder el foco, porque el verdadero riesgo de los cambios de ideología en los gobiernos es que en las siguientes votaciones no tengamos la capacidad de modificar nuestra opinión otra vez.
@Micmoya
