Lo que menos me entusiasma de diciembre es el tiempo que invariablemente vamos a perder atorados en un congestionamiento.
En Ciudad de México, según el portal TomTom Traffic, pasamos 6.3 días en embotellamientos al año —152 horas, para ser exactos—. Es decir, en 2025 los conductores de Ciudad de México estuvimos casi una semana en el auto en un embotellamiento sin mucho remedio más que ponernos al día en las listas de reproducción de pódcasts y artistas conocidos y desconocidos.
De 501 ciudades que conforman el índice, somos la que más horas de congestionamiento tenemos en todo el mundo, y en los últimos años hemos agregado minutos.
En el ranking mundial tenemos el lugar 17 de ciudades más lentas para recorrer 10 kilómetros. Es decir, en promedio nos toma 31 minutos con 53 segundos hacer ese recorrido. La ciudad más rápida en ese ranking lo recorre en 8 minutos y 36 segundos.
La reflexión de esta columna no solo viene de haber pasado un buen rato en el auto, sino de pensar que el incremento de los congestionamientos no es nuevo, pero difícilmente hemos visto una evolución de las políticas públicas para tratar de atacar ese problema.
Salvo algunas construcciones de infraestructura para bicicletas, el resto de la política para mejorar el transporte público brilla por su ausencia.
Las alternativas, como no es raro, las están llevando las organizaciones e iniciativas ciudadanas.
Hace unos días vi un video donde una organización en Guatemala se hacía un propósito particular: si Ciudad de México había podido organizar un recorrido en bicicleta para que los niños pudieran ir a la escuela en bici, Guatemala seguro podía hacerlo.
Un grupo de ciclistas está decidido a organizar un recorrido en donde con ayuda de padres y voluntarios, los niños puedan llegar a la escuela en bicicleta.
No tengo claro si me dio orgullo o un poco de vergüenza el que nosotros seamos referencia de una ciudad poco amable, donde aún se consiguen cosas, pero la discusión no está ahí.
La iniciativa mexicana la conozco desde hace tiempo, Mónica González (o Monmargo que es su nombre en redes sociales), es una de las impulsoras desde hace tiempo.
Para ella, la motivación inicial para tomar la bici fue simple. Trasladarse en auto de un punto a otro simplemente la ponía de un pésimo humor. Un día tomó la bicicleta y notó que sus tiempos de traslado disminuyeron a la par de sus niveles de estrés y ganas de pelear con las personas.
Convirtió la bici en su medio de transporte principal y después de ser mamá, se empeñó en facilitar los espacios para las infancias. Ahora ha replicado el ejercicio en varias ciudades del país y parece que Guatemala está siguiendo el ejemplo. ¿Por qué Guatemala sí y las autoridades en Cdmx no toman ejemplos que funcionan para replicarlos?
La duda genuina hoy es, ¿cuánto tiempo necesitamos que se queden atoradas las autoridades en el tráfico para que puedan diseñar políticas útiles para todos? Nos urge porque difícilmente nos queda más tiempo para perderlo en Viaducto.
@Micmoya
