Miriam Castillo

Es pleno verano y hay mucho movimiento de vacacionistas. La actividad económica tiene un movimiento constante por ese sector y más después de todo el ajetreo que trajo el Mundial consigo.

Pero, ¿eso es inherentemente bueno? La relación: más turismo más personas, ¿es virtuosa por sí sola?

Según las cifras del Gobierno federal, a causa del Mundial viajaron unos 1.9 millones de turistas y se generó una derrama de unos 42 mil millones de pesos.

Sin embargo, algunas comunidades reclaman el incremento de los precios y las rentas que no han disminuido a pesar de que la temporada ya terminó.

Hay algunos barrios que padecen gentrificación desde antes de la llegada del Mundial, pero esta se aceleró o se agudizó a causa de la llegada de las personas en masa.

El deterioro de las comunidades o el cierre de locales de gente del barrio es uno de los factores que necesitamos revisar y buscar medidas para mitigarlas.

Pero, ¿por qué tenemos que tomar esas medidas? ¿No queremos que la cifra de visitantes aumente y ya?

La respuesta es no por varias razones. Según los urbanistas, la turistificación de una ciudad tiene como consecuencia la pérdida de una comunidad y un sentido de barrio. Eso contribuye no solo a la subida de precios, que ya conocemos, sino a un deterioro del tejido social.

Me explico un poquito: cuando una colonia deja de tener personas locales que la habitan, el interés en sus calles (y digamos, en reparar una luminaria que no enciende, mejorar el servicio de agua o de recolección de basura) se pierde.

Así, un barrio que se va turistificando también va perdiendo un poco de la calidad de vida que los habitantes tenían y procuraban.

Además, viene otro fenómeno con los comercios. Los locales responden también a la subida de precios de las rentas, por lo tanto, aquellos de algunos años atrás, se van para dejar paso a algunos nuevos con menos arraigo y con productos que ya no necesariamente responden a una dinámica tradicional, sino al mercado que hay en ese momento.

Es decir, en ocasiones justo la popularidad de una zona es lo que va terminando con ella.

Hace poco, Ignacio, una persona que lleva viviendo años en un barrio céntrico de la ciudad que ahora ha ganado popularidad por la gente que visita cuenta:

“A veces quieres llevar a las personas y enseñarles lo más local. Pero resulta que los lugares que ofrecían eso, ya no están. Y ahora solo tenemos cosas que se parecen a lo que teníamos, pero al mismo tiempo, son iguales a todas las demás” contó.

En este momento algunas dinámicas de la Ciudad de México están profundamente gentrificadas, tenemos fenómenos como en Italia o España donde los trabajadores esenciales que dan servicio a los turistas, no pueden vivir en la zona donde trabajan.

Pero al mismo tiempo, creo que estamos en un punto donde aún pueden revertirse algunas dinámicas, pero necesitamos nombrarlas, legislar sobre ellas y tratar de marcar una diferencia para que el turismo no nos coma y más bien logremos convivir con él, en un intento de equilibrio necesario.

 

    @Micmoya