La violencia en Colima escaló este fin de semana a altos sectores de la política nacional. Incluso escaló a los primeros lugares en homicidios dolosos. Tan sólo entre viernes y sábado pasados el estado reportó 11 asesinatos, entre ellos dos familiares del secretario de Educación Pública, Mario Delgado, y tres supuestos implicados en ese crimen.
A pesar de los despliegues constantes de fuerzas federales y estatales, esta entidad, geográficamente pequeña pero estratégicamente vital, aún lidia con niveles de violencia que la sitúan en la cúspide de las estadísticas de criminalidad a nivel nacional, por cada 100 mil habitantes.
Especialistas advierten que su ubicación privilegiada para el comercio global -con su puerto de Manzanillo-.
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Cifras recientes del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública revelan que, aunque se logró una reducción de 26 por ciento en el número total de víctimas dolosas durante el año pasado —al pasar de 845 a 622 asesinatos—, la tasa de incidencia permanece en niveles alarmantes, al cerrar 2025 con 81.08 homicidios por cada 100 mil habitantes.
Este dato mantiene a Colima como el estado más violento del país en términos proporcionales, con la capital, Villa de Álvarez y Manzanillo como los focos rojos.
Colima lidera feminicidios
Apenas este sábado, fueron asesinadas dos mujeres en su domicilio - la tía y la prima del secretario de Educación Pública, Mario Delgado- en la colonia Placetas Estadio, en la capital del estado.
La Fiscalía confirmó que hombres armados ingresaron a su domicilio cerca de las 4:30 horas, las balearon y escaparon; sin embargo, más tarde en un enfrentamiento con la policía, murieron tres presuntos responsables del crimen.
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Durante 2025, Colima se consolidó como el estado más peligroso para las mujeres en términos proporcionales (por cada 100 mil habitantes).
A septiembre de 2025, el estado mantuvo la tasa de homicidios dolosos en 16.78 casos, cifra que triplica la media nacional, incluso sobre la Ciudad de México.
Actualmente, el miedo ha transformado la cotidianidad: negocios que cierran al atardecer y calles desiertas, ante el silencio de la gobernadora Indira Vizcaíno.
