El filme La Chica Artificial se ha convertido en uno de los títulos de ciencia ficción independiente más comentados de los últimos meses, no por el despliegue tecnológico que sugiere su premisa, sino por la forma en que utiliza la Inteligencia Artificial (IA) como espejo emocional de la humanidad.
En entrevista con este medio, su director, guionista y actor, Franklin Ritch, profundizó en el origen real de la historia y en los dilemas éticos que atraviesa Cherry, la inteligencia artificial creada para atraer depredadores de menores en línea y que termina planteando preguntas mucho más humanas.
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Ritch recordó que la idea surgió al leer reportes sobre programas "capaces de imitar a menores para rastrear criminales. De inmediato captó mi atención sobre qué tipo de conversaciones sostenían los desarrolladores detrás de puertas cerradas y qué veríamos si pusiéramos una cámara ahí”.
Esa mirada íntima se convirtió en la base narrativa de La Chica Artificial, concebida inicialmente como un relato de espacios limitados, pocos personajes y una atmósfera de tensión moral.
El realizador insistió en que, pese a la etiqueta tecnológica, su interés principal está en los procesos internos de los personajes. “Pensé que era una forma divertida de explorar temas de trauma infantil, autonomía, consentimiento e identidad”, explicó.
Por lo anterior quiso que Cherry, la IA central, no funcionara solo como herramienta narrativa, sino como "un personaje en evolución, capaz de verse afectado por el comportamiento de quienes la rodean", detalló.
Temor global sobre la IA
Ritch también reflexionó sobre el temor global hacia esta tecnología y señaló que la mayoría de los miedos provienen del uso real que ya se le da. “Es idealista pensar que la inteligencia artificial será usada de forma altruista, ética y moralmente correcta”, dijo.
“La IA será una reflexión de la gente que la desarrolla; si se usa para el bien, hará bien; si se usa para malas cosas, hará lo mismo”. Para el cineasta, esa dualidad explica por qué la discusión pública sigue creciendo a la par del avance tecnológico.
En ese mismo sentido, el cineasta habló de la dimensión emocional de la película “la de Cherry es una historia de descubrir quién eres, de crecimiento con la que todos podemos relacionarnos, incluso si ella es artificial”.
El director aseguró que el núcleo del filme es la forma en que los traumas se heredan sin intención. “Gareth vivió algo horrible y sin darse cuenta terminó pasando su trauma a Cherry. Eso es algo con lo que muchos adultos pueden empatizar”.
Aunque investigó a fondo sobre IA, su relación con esa tecnología sigue siendo cautelosa. “Mi preferencia es no usarla. Es cierto que está en todas partes, pero intento mantenerme consciente de no recurrir a ella”, confesó.
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También reconoció que, creativamente, ha agotado el tema y prefiere mirar hacia nuevos territorios narrativos, aunque no cierra por completo la puerta a una secuela lejana.
La Chica Artificial ya está disponible a través de la plataforma Filmelier+.
¿De qué trata?
La Chica Artificial cuenta la historia de un programador que usa a Cherry, una IA para captar pedófilos y hacer justicia por su propia mano, pero todo el panorama cambia cuando esta cobra consciencia propia y decide tomar pasos independientes a su creador.
